Flirt

Tenía la cara arrugada y dos aureolas sombrías le surcaban los ojos. Los párpados parecían inflamados por una membrana blanquecina, como si los marcara un orzuelo extendido. Al levantar la vista, vio que la doctora aguardaba en el medio del pasillo, entre las camas equidistantes. Cada una resistía a su niño. Se detuvo unos segundos en el guardapolvo blanco y en la cara que, apartada ya por la costumbre de su compañía, se desprendía de cada uno de los elementos del hospital y adquiría un guiño particular.
Tenía un pircing en la nariz. Era una mujer atractiva. ¿Tendría chances? La hostilidad sexual de Riyadh hace que necesites a alguien sensible urgentemente… ¿Se animaría a algo?

En cuclillas, se demoraba en esas cavilaciones porque enfrentarse otra vez al nenito alegre y moribundo era irresistible. "El flirt es la vida", se dijo. "O, como la vida, igual de insensata, una cobardía para olvidarse de algo esencial". Bajó la vista por segunda vez. El chico no sonreía, pero se veía interesado en descifrar las viñetas de Largo, la historieta con la que hacía unos minutos se había propuesto romper el hielo insalvable. Pero le era imposible abandonar el estado primitivo de estupefacción. Aquello ya no era un niño. Jamás había visto una criatura cuyo rostro tuviera una pigmentación tan fuerte, una temperatura bajo cero. Se dijo: "El tiempo no es el mal, ni su manifestación; el mal son los hombres".

0 commentaires: